viernes, 30 de noviembre de 2007

Poesía #16

De cuando esperaba documentos en la frontera...


(0:37)

(19:14)
*
Hoy si, ahora si,
Me siento un poco solo.
Madre, padre, hermana; la tarde es gris.
Amigos; la habitación está vacía.
*
Llueve afuera y yo me cubro bajo tres frazadas.
Nadie me conoce.
Mis padres, en Ushuaia, a más de cinco mil kilómetros,
Mi hermana, en Buenos Aires, a más de dos mil.
*
También en Buenos Aires la mayoría de mis amigos,
Y la mujer que tan perfectamente me hacía el amor
Hace menos de dos semanas.
A un día de viaje, mis compañeros de ruta.
*
Hace frío afuera,
Y acabo de terminar de leer la novela.
Estoy en silencio.
*
Mis documentos no llegan
Y me mantengo varado acá.
Ruego poder irme mañana.
*
Aunque estoy resfriado,
Prendo un mortal cigarrillo
Y pierdo mi mirada en la pared.
*
(19:32)
*
No tengo hambre,
No tengo sueño.
Pienso en todo y en todos.
*
¿Por qué esta nostalgia?
Tengo miedo de no poder viajar,
Quiero estar en marcha,
Quiero seguir mi ansiado camino.
*
Muy lejos estoy de casa…
Pero de eso se trata.
*
Hace mucho que estoy acostado,
Y pienso mucho.
Quiero ver a todos.
*
¿Volveré a hacer el amor con esa chica?
Quiero creer que si.
Pienso que alguien que no soy yo la toca,
Y me vuelvo loco.
¿Qué significa eso?
*
Mis ganas de llorar son absurdas,
Porque en no más de dos o tres días
Estaré alegre y acompañado de nuevo.
*
No quiero ver a mis afectos aun.
Pero esa es la naturaleza de la nostalgia,
Es malditamente inevitable.
*
La habitación es horrible.
La gaseosa que tomo tiene más de un día,
Y está caliente y sin gas.
*
El pote de mermelada, vacío,
Es de plástico y me sirve de cenicero.
Lo saqué del tacho de basura.
*
La cucheta me tapa la luz,
Porque duermo en la cama de abajo.
*
Transcribo música de órgano
Y observo la pared,
Que es amarilla bajo la luz tenue.
*
Mi mochila está armada a mis pies,
Junto a la guitarra,
Porque de tener la oportunidad de irme
No quiero tardar.
*
Bolivia está a tan solo un par de kilómetros.
Mi viaje está en puerta;
Guardo dos nuevos libros,
Que esperan ser leídos.
*
¿Qué será de todos en este momento?
Empiezo a entender que todas mis sensaciones
Se deben a la expectativa,
Y que no es grave.
*
Pero es mi emocional cerebro
El que me hace sentirme así.
No quiero levantarme de la cama jamás,
Pero quiero irme ahora mismo.
*
Si miro hacia arriba,
Puedo leer los mensajes escritos en la madera
Por los viajantes que me precedieron.
Frases de libros, de canciones, de amores.
*
Siento mi brazo derecho quemarse
A causa de la incómoda posición en la que escribo.
*
Mi boca está seca,
Porque no puedo respirar por mi congestionada nariz.
*
Ayer volví a entender
Que lo más importante es el amor.
Lo sé desde hace bastante,
Pero valen la reconsideración
Y la afirmación de conceptos.
*
Ayer lo entendí mejor.
Hoy lo amplío,
Y decido escribirlo.
*
Sólo me gusta amar,
Sólo me gusta el amor.
Toda forma de amor.
*
Mi familia es amor,
Mis amigos son amor.
*
El sexo es amor.
Viajar es amor,
Conocer gente es amor.
*
Tener calor,
Y tener frío es amor.
*
Extrañar y recordar,
Comer y dormir.
El cielo y la montaña,
El fuego y el agua,
La madera y el aire son de amor.
*
Conversar y escuchar es amor.
Mirar, acariciar y besar.
*
Los colores,
Los olores,
Los sabores.
*
La tierra y las piedras
Son amor.
*
Despreciar el odio es amor,
Ser bueno es amor.
Sonreír.
*
Leer es amor.
Escribir, la música,
La risa y el llanto, amor.
*
Amor en buscar,
En descubrir,
En disfrutar, en congeniar.
*
No hay otra cosa que valga tanto la pena.
No hay algo tan limpio, puro y claro.
¿Para qué oscurecernos?
*
Tontamente, ayer me sentí viejo.
Pero hoy volví a recordar mi juventud,
Y me sentí bien.
*
Entiendo que la única forma de vivir
Es el amor.
Y me siento bien.
*
La nostalgia gris se diluye,
Y me despierto.
Y sonrío de nuevo.
*
(19:51)
***

La Quiaca, 11/Ene/7

*

Runin Vari

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Poesía #15

De cuando volví a Buenos Aires...


Lugar

Un lugar donde pueda estar tranquilo
Un lugar que me inspire escribir las cosas que quiero escribir,
Para romper con todo.
Un lugar donde valga la pena dejar de fumar.
Donde pueda amanecer con sol y en silencio,
Donde pueda estar despierto toda la noche,
Enamorado de la oscuridad.
*
Un lugar donde pueda estar con una mujer así.
Un lugar donde el aire me dé electricidad.
Un lugar donde se vea el cielo desde cualquier lado.
Un lugar donde me guste caminar.
*
Un lugar donde pueda hacer esa música,
Que tanto me golpea en la cabeza, desde adentro.
Un lugar donde el humo y el ruido de los colectivos no llegue,
Porque las montañas lo filtran.
*
Tal vez, un lugar donde la gente no esté tan apurada.
Un lugar donde la gente no sea tan violenta.
Un lugar donde la gente sea feliz y así yo poder ser feliz.
*
Un lugar donde pueda besar labios únicos y hermosos.
Donde acariciar piel suave como armonía.
Un lugar donde caminar descalzo.
Un lugar donde el sol caliente tibio, pero no queme.
*
Un lugar donde pueda disfrutar el frío,
Como estoy acostumbrado a disfrutarlo.
Un lugar donde pueda, de una vez y para siempre,
Sentirme joven toda la vida.
*
Un lugar que sea viejo.
Y lleno de cosas nuevas.
Un lugar donde no sienta perder el tiempo.
Donde deje de contar minutos.
Un lugar donde estas cosas que busco sean ciertas.
*
Donde pueda sentir que cada minuto cuenta.
Un lugar donde no extrañe a nada ni a nadie.
Un lugar que me haga recordar todo lo que me hizo.
*
Tengo tantas ganas de escribir, que a veces ya no lo sé.
Ya no sé qué pienso
Pero nunca tengo ganas de dormir
*
Nunca quiero dormir.
Ya no quiero pasar el tiempo.
Todo siempre va a estar bien.
***

BsAs, Invierno-Primavera 2007

*

Runin Vari

Poesía #14

De cuando volví a Cusco...



Beso

Boca humeda,
Labios tersos,
Adornan las facciones de la cara.
Rojos.
Rojos como fruta.
*
Son, también, rosados y violetas.
Son de fuego.
Son de seda.
Se mueven ligeros, formando las palabras.
*
La lengua, con su humedad tibia,
Los recorre en un movimiento ágil,
Desde una comisura a la otra,
Mojándolos.
*
Casi estoy hipnotizado,
Casi las palabras se pierden en mi mente,
En mi falta de retención de conceptos.
Sólo puedo pensar en una cosa.
*
Los dientes son blancos y hermosos,
Parecen escudarse en los labios (y en las palabras).
La sonrisa surge de a ratos.
Casi había olvidado sus ojos, que ahora se clavan en mi,
Casi había olvidado todo.
*
Algunos de sus mechones caen prolijamente desprolijos,
Por sus cara blanca
Y algunos se acomodan detrás de sus oídos.
La piel es tan suave.
Contrasta con las puertas de su boca.
*
Entonces estas palabras se callan.
Los ojos se entrecruzan y parecen atarse.
No hablo, tampoco, sólo observo.
Mis manos, que son torpes, acarician esos labios.
Y luego mis labios reposan en los suyos, y parecen dormir.
*
La carne es dulce y blanda.
Los movimientos son lentos.
Se contraen, se tensan.
Y una vez más se relajan.
*
La sensación de estar bebiendo una escencia vital.
Parece, por momentos, lo único que me permite vivir.
Me hacen sentirme niño.
La lengua se mueve lenta, y se desliza en mi boca.
*
Entonces trago por primera vez.
Y abro los ojos despacio.
Sonreímos
En beso, sonreímos juntos.
*
Desde entonces, muchas cosas que me habían importado,
Dejaron de importarme.
*
Desde entonces, muchas cosas que no había conocido,
Se hicieron conocidas para mí.
*
Desde entonces, llevo un beso guardado.
Guardado con mis cosas más secretas.
Nadie ni nada me va a sacar nunca eso.
***

BsAs, Invierno-Primavera 2007

*

Runin Vari

viernes, 26 de octubre de 2007

Relato #3 (3ra de 3 partes)

De cuando conocimos el lago y su genteGenteGENTE...



Pequeño y humilde homenaje a un Galés (III)

a D. T., poeta

V

Antes de que terminara el día de la segunda visita, la situación de Concepción llegó al límite. La tos de la mujer era tan brusca que parecía que cada espasmo sería el último. Intentaba hablar, pero el balbuceo se escuchaba muy bajo y era indescifrable. Taco decidió que debía llegar a final.
A la mañana siguiente, Neló parte a comprar al pueblo en el colectivo de la ruta, y Taco le exige que lleve a Irma y al pequeño. Con la casa ya vacía, cierra las persianas y entra en la habitación de la anciana.
Allí están, solos ellos dos. Los ojos de Taco se entierran en los de Concepción, y la mujer sonríe débilmente. Pero vuelve a toser. Taco se acerca a ella y se arrodilla al lado del lecho.
Perdón, madre, pero es lo mejor para usted... Taco deja caer una lágrima. Pero está convencido que es lo mejor para esa fuerte mujer. Ella también llora, pero de dolor. Vuelve a toser una vez más. Cada vez que tose parece que será la última. Es una convulsión salvaje, da la sensación de que no puede resistirlo. El brazo de Taco se extiende y su mano peina los cabellos grises que caen por la frente de la mujer recostada. La mano ahora acaricia suavemente la cara arrugada y se detiene en los ojos.
-¿Taquito...?, susurra la anciana, y su cara y su tono develan una expresión de incomprensión.
Y la mano de Taco baja hasta la boca. Su otra mano, ante los ojos azules, llorosos y aterrorizados de la mujer, se posa en la nariz, y la aprieta. La mujer tose de nuevo, se arquea y sus ojos se mantienen muy abiertos, clavados en los de Taco. Gime y trata de moverse y liberarse, pero está muy débil. Solamente atina a posar sus manos sobre las del joven, nada más. Las lágrimas de Taco caen sobre la anciana y son absorbidas por la tela de su vestido. Don Pedro, a unos pasos detrás, es el único testigo, inmutable e impávido.
Madre ha muerto... La noticia trajo silencio al resto de la familia, pero nadie reaccionó emotivamente. Salvo el niño, que lloraba a escondidas.

VI

La rutina y la tranquilidad fueron retomándose de a poco, con el correr de los días. Irma tomó el lugar de la mujer, y se encargaba de todo en la casa. Una casa que había perdido la poca alegría que alguna vez hubo tenido.
Maquito enfermó días después. Irma creía que se debía a la nostalgia por la muerte de Concepción. El niño no intentaba hablar. Sólo estaba callado, mirando con ojos cansados a la pared. Estaba pálido, como si la sangre se le evaporara despacio.
Por las noches Neló miraba al bosque, y le parecía ver que el maldito rondaba la casa. Un día lo oyó muy cerca de la casa, tosía y reía. Maquito permanecía en cama y lloraba.
Los días transcurrían y el niño seguía acostado, Irma seguía triste y todos seguían prácticamente sin hablarse. Taco estaba muy afectado por la condición de su hijo, y otro cambio de rol se llevó a cabo en la casa: Neló se hacía cargo de gran parte de las tareas de su alicaído hermano.
Había ido al pueblo. Bajó del colectivo en la bifurcación del camino, frente a la capilla, y emprendió la caminata hasta el rancho. No hacía frío, pero unas nubes negras comenzaban a juntarse en el cielo; iba a llover.
Cuando llegó, una llovizna había comenzado. La cocina estaba vacía.
- ¿Taco...?
Nadie. Volvió a preguntar, en voz más firme. Buscó a Irma. Nadie.

VII

Insistió en sus gritos y llamados, pero nadie respondió. A dónde irían todos, y sin avisarme, se preguntaba el muchacho. Se acordó de su sobrino, y subió a la habitación a buscarlo. No estaba, y las colchas estaban desparramadas. En su asombro pudo ver, a través de la ventana a su hermano y a Irma. Corrió escaleras abajo a ver qué demonios ocurría. La lluvia ya era torrencial.
-¡Taco!, gritó. Iba a volver a gritar, ante la pasividad de su hermano, pero se detuvo cuando adivinó la figura de el Hombre unos metros a la derecha de la pareja; la pareja le daba la espalda.
Neló miró a los ojos de el Hombre. Los desconoció. Vio a Irma y a Taco arrodillarse, con las cabezas gachas. Volvió a mirar al malvado. Sus oscuros y grandes ojos se enterraron en los del joven mapuche. Muy fuerte. Tan fuerte que tuvo que dejarse caer de rodillas y apoyar las manos en el barro.
Clavó la mirada en la tierra y sintió un leve alivio. Volvió a mirar a la pareja y se horrorizó al notar que no reconocía sus ojos. Trató de enderezarse y alejarse, pero resbaló. La lluvia estaba haciendo del suelo una superficie imposible.
Cayó hacia atrás, apoyando esta vez los codos en la tierra y el agua. Sintió miedo al ver la cara de su hermano.
Una vez más miró al Hombre, que se mantenía en su lugar, sin prisa, sin expresión. De nuevo a los ojos de su hermano, a los de Irma, y una última vez al Hombre. Entendió que, como alguna vez le ocurrió a un predicador en una pradera a miles de kilómetros de allí, estaba frente a sus enemigos.
Muerto de miedo, su corazón educado cristiano lo llevó a pedir a Dios. Rezó, cerrando los ojos y juntando las manos. Quiso incorporarse, pero se sentía débil y cayó al suelo nuevamente. Aunque ya resignado, el disminuido, lloroso y embarrado aborigen pidió por favor al Hombre. Pero las lágrimas le impedían rogar. Así que intentó arrastrarse a los pies de quien ya creía su verdugo.
De pronto, un brazo adulto y conocido lo sujetó con fuerza por detrás. Tapó su boca y lo inmovilizó, estrechándolo contra un torso fornido. Neló pudo ver que el rostro que coronaba la figura era el de su abuelo. Sintió una inmensa alegría que lo hizo continuar con su llanto. Lo hubiera abrazado, y le hubiera agradecido, pero el hombre, que aunque anciano poseía una gran fortaleza, lo estrechaba muy fuerte. Dudó...y se inmovilizó cuando vio el hacha en la otra mano.
Intentó gritar. Intentó soltarse. Y luego se tranquilizó. Entre las lágrimas, miró al enemigo. Pensó en Maquito, pensó en su abuela y en su madre. Pidió perdón por sus faltas y cerró los ojos para no abrirlos nunca más.

***

Bs. As., Verano-Otoño-Invierno 2006

*

Runin Vari

lunes, 15 de octubre de 2007

Relato #3 (2da de 3 partes)

De cuando conocimos el gran lago y su genteGente...


Pequeño y humilde homenaje a un Galés (II)

a D. T., poeta


III


Concepción toma el té. La tos ya está cesando. Irma la observa, en silencio, como siempre. Ellas dos guardan silencio prácticamente en todo momento. Hablan lo mínimo indispensable. La vieja no la mira; sentada a la mesa, fija la vista en sus manos que reposan sobre el mueble y respira con torpeza. Irma le da la espalda y ve las montañas a través de las ventanas.
Unas horas después, luego de barrer, limpiar y tender las camas, busca los conejos que don Pedro sacrificó a la mañana. Debe limpiarlos, hervirlos. Concepción busca las cebollas, las papas y las zanahorias. Cuecen algo de pan y, lentamente, despunta el mediodía. Lentamente es hora de almorzar. Lentamente sale de la casa en busca de su esposo y de Neló. Maquito debe estar jugando con los perros.
Ya unos metros antes de llegar, puede ver Irma a su esposo trabajando. Sin camisa, enterrando clavos en las maderas. Dándole forma a ese edificio precario, que aún no es. Irma observa.
Ya unos metros antes de que llegue, Taco puede ver de reojo a su esposa. La brisa la despeina, y ella, inútilmente, trata de mantener esos cabellos en orden. Si, su brazo ya trabajó bastante, lo siente en el hombro, de tanto martillar y tanto serruchar. Al fin es hora de comer.
-Ya es hora de comer- anuncia la mujer.
-¿Si?, pero es que aún no tengo hambre- miente él.
-Ya está lindo esto, ya tiene forma. Va a quedar muy lindo-, dice ella distraída, mirando a su alrededor.
-Si, pero yo todavía no tengo hambre- insiste, acercándose por detrás, mirándola de arriba abajo, concentrándose en su trasero.
-Hicimos conejo con doña Concepción- explica Irma, que antes de terminar de hablar siente el cuerpo de su marido estrechándose al suyo por detrás.
Taco recorre el cuerpo femenino, que considera le pertenece, con sus manos y se aferra a él. Su mano derecha presiona los senos y sus oídos sienten como la respiración de Irma se agita y se hace más profunda. Su mano izquierda baja, en busca de su sexo. Ella trata, sin conseguirlo, de frenarlo. Pero Taco es más fuerte.
-Tu hermano, Taco, puede andar por acá- dice, buscando apelar a la razón. Pero Taco está cegado.
-Tu hijo también nos puede ver- reclama haciendo un último pero inútil intento-... el nene puede estar dando vueltas...
Taco ya se hizo de su sexo, y nada va a poder detenerlo. Ella comprende que debe cumplir su deber de esposa y cierra los ojos. El la voltea, y ya de frente sube el vestido que esconde su feminidad. Con movimientos cada vez más toscos, rápidos y torpes se desabrocha el pantalón. Pronto, arremete contra ella. Una, dos, tantas veces... Mordiéndola y besándola durante algunos minutos; y hundiendo, finalmente, su cabeza en su cuello y su hombro. Los últimos espasmos, y todo ha terminado. Unos momentos de silencio, y ella lo abraza. Segundos después, Taco se endereza. Se miran, pero nadie habla.
-Voy en un momento-, dice, abrochándose el pantalón y tomando el martillo nuevamente.
Irma lo observa seguir trabajando, mientras se acomoda el vestido y la ropa interior. Emprende el regreso a la casa, intentando peinarse de nuevo.
A no muchos metros, Neló observa, lo que no ha visto por única vez. Ninguna es la reacción de Neló, y ningún movimiento efectúa. Sólo observa a la pareja, que tan unida estuvo hace instantes, separarse ahora. Prende un cigarro y, esquivando a Taco a varios metros, por detrás de los árboles y arbustos, enfila para la casa. Es la hora de comer, y tiene hambre.


IV


Un día visitó la casa un hombre. Concepción empeoró fuertemente desde el día en que apareció. Era alto y moreno. Tenía una barba desprolija y negra, que estaba sucia como su pelo y su ropa. La ropa era, además, vieja, oscura y estaba rotosa. Su paso era lento, y su voz era profunda. La más profunda y perturbadora que ninguno de los mapuches de esa zona hubiese escuchado jamás. Sus ojos eran pardos y su mirada angustiaba, tanto como al mismo tiempo aquietaba.
Surgió de entre la arboleda y caminó en dirección a la casa. Maquito jugaba sobre el pasto; al verlo se quedó quieto y lo miró de arriba abajo, para luego buscar sus ojos. El Hombre lo miró al pasar por su lado y esbozó una sonrisa, pero claramente no era inocente ni bien intencionada. Golpeó la puerta y pidió pan a Concepción, sin siquiera presentarse. Sólo quien ha pasado hambre sabe lo que eso significa, y por eso la anciana le convidó con pan, manzanas y tomates. No pidió entrar en la casa, ni tampoco se lo ofrecieron. Comió fuera, mirando a lo lejos el lago, sentado en el suelo, dándole la espalda a la ventana por la cual miraba algún miembro de la familia ocasionalmente.
Comió el pan y los dos tomates. Guardó las manzanas entres sus ropas y fumó un cigarro. Tardó en incorporarse. Cuando al fin lo hizo, caminó hasta desaparecer en el bosque. Concepción empeoró fuertemente desde el día que apareció.
No se hicieron comentarios sobre la visita, ni en ese ni en los días siguientes. Y todo siguió como estaba. Todo menos la anciana. Al quinto día después de la misteriosa llegada, ya no pudo levantarse a preparar los mates ni el pan. Irma se encargó de los quehaceres y de cuidarla. La anciana transpiraba y se agitaba, y cuando tosía, los muchachos sentían ganas de irse y no oírla, pues era algo desgarrador. Maquito preguntaba si iba a morir, pero Irma callaba, y ponía nuevos paños sobre la frente de la mujer, que tiritaba de fiebre.
Exactamente una semana después de la primera visita, el Hombre volvió. Pidió pan y manzanas, pero rehusó los tomates. Mordió el pan enfrente de Taco y sonrió. Sus dientes eran horribles. Se volteó y se alejó. Taco pudo oír una risa por lo bajo.
Esta vez no comió cerca, sino que se alejó por dónde había venido, con el pan en las manos.
**
Bs. As., Verano-Otoño-Invierno 2006
Runin Vari

miércoles, 10 de octubre de 2007

Música #1



Filburt es la guerra del frustrado:

una pequeña ventana que, a veces,

se deja mirar hacia fuera.

a veces…

un cálido lo-fi y una voz poco entrenada

en notas graves.

entren y escuchen:


***

jueves, 4 de octubre de 2007

Relato #3 (1era de 3 partes)

De cuando conocimos el gran lago y su gente...


Pequeño y humilde homenaje a un Galés (I)

a D. T., poeta

I

Despacio... muy despacio comenzó a abrir los ojos. La cara de Taco enfrente de la suya respirando fuertísimo. Volvió a cerrarlos. Los pies congelados que se habían quedado afuera de la frazada. El frío no va a dejarlo seguir durmiendo. Se endereza, bosteza. Madre estará preparando el desayuno junto con Irma, piensa mientras se destapa y comienza a vestirse. Despacio, no quiere que Taco y Maquito se despierten también. Se incorpora, y va en patas hasta la escalera. Ahí se calza y ata los borsegos. Baja, saluda con un movimiento casi inapreciable de la cabeza y chupa el mate que las frágiles manos de madre le alcanzan.
-¿Dormiste bien?
-Si
-¿Tu hermano?
-Duerme aún.
-¿Y Maquito? ¿También duerme aún?
-Si, Irma, también duerme el enano.

Neló corta un pedazo del tibio pan con los dedos y lo mastica, despacio... muy despacio y en silencio. De reojo mira a su madre, que no es su madre, y se compadece de su vejez; de lo voluntariosa que aún trata de ser, aunque ya sea casi únicamente un estorbo. Ella no quiere aceptar que la mujer de la casa empieza a ser Irma. Ella, igual que Neló, igual que Irma, igual que todos, se da cuenta de que sus manos tiemblan, de que ya casi no oye y de que ya casi no ve. Ella, al igual que el muchacho, comprende que la muerte está merodeando.
Los rayos de sol comienzan a entrar con un poco más de fuerza ahora. Le molestan. Entrecierra los ojos, Neló, y corta un pedazo más de pan; lo mete entero en su boca, mientras se para y extiende la mano para que depositen de nuevo el mate en ella. Chupa, a la vez que corta, con la mano libre, otro pedazo de pan, más grande que el anterior. Lo guarda en el bolsillo del jogging. Bufanda, gorro, saco y sale. Afuera, al lado de la puerta, tomando mate solo, se encuentra don Pedro, el curtido mapuche abuelo de Neló y de Taco. Se miran, ambos ensayan un gesto prácticamente imperceptible. Neló se va.
Le tocan los bueyes hoy. Ayer no llevó las maderas a lo que alguna vez será la sanguchería de Taco. Camina hasta las vacas, tratando de meter toda la cara debajo de la bufanda, sabiendo que es imposible. Qué frío en las manos, maldita sea, se dice, mientras acomoda un leño sobre las nucas de las dos bestias impávidas. Unas vueltas de soga alrededor de los cuernos y los guía. Para guiarlos no hace falta más que apoyar una caña entre ambas cabezas marcándoles el camino y pegar un grito. Ya... ya está calentando un poco el sol. Recuerda el pan y lo busca en su bolsillo. ¡Se ha caído, la gran mierda! Se cayó del bolsillo. Puno ya lo debe estar comiendo, si no lo encontró Caranegra primero. Los perros del demonio. Maldice un poco más, hasta que se olvida cargando las maderas.
Las lleva. Ya no piensa en el pan para nada. Ya no piensa. La rutina lo envuelve. Camina, guiando a los enormes animales, a través del sinuoso camino. Va tan abstraído que ni siquiera puede darse cuenta que ese camino, que caminó ya tantas veces, es rodeado por un paraíso. Las hojas lo miran. Las hojas y las ramas de las que cuelgan. Las hojas, las ramas y los árboles que las sostienen. Y los pastos, que trepan y trepan hasta deshacerse en montañas. Y las enormes cimas lo miran. Y Neló camina y mira sus pies, y patea una piedra. Y descarga de a poco las maderas. Y ya no tiene frío. Y vuelve a buscar otras maderas. Y recorre el mismo camino, y de nuevo las descarga. El pequeño edificio ya empieza a tener más forma. Acá estará el mostrador; ¿Y acá? ¿Una heladera? ¿De dónde podría sacar Taco una heladera para los sánguches?, ¿Pararán los turistas a comprar sánguches?, piensa, mientras enciende un cigarro.
Mira Neló. Mira el cielo y mira la montaña. ¿Acaso va a vivir toda su vida acá? Reflexiona sobre eso mientras tira de un pedazo de cuero sobrante de sus zapatos. Ya no durarán mucho más... Como madre...
La madre de Neló no es la madre de Neló. Taco era chiquito cuando Neló respiró por primera vez, mientras su verdadera madre lo hacía en una última oportunidad, aferrándose a la mano de quién cuidaría de sus hijos todo el tiempo que pudiera. El padre de Taco, algún militar que hizo promesas, y se las llevó con su pase. El padre de Neló... ¿quién sabe? Algún viajante, quizás.
Si, un viajante, como los que pasan por acá; y se fotografían con nosotros... Como si fuésemos parte del paisaje.
¿Porqué diablos estoy tan fastidioso? El cigarrillo le quema los dedos, y al fin reacciona. El sol pega más y más fuerte, totalmente libre en el cielo; sin ninguna nube que lo estorbe. Vuelve a la casa, todavía tiene que sacar los tomates y buscar huevos.

II

¿Qué pasa, hijo?... Ya estoy despierto... El niño lo mueve, y se ríe, y le da besos en la cara. Pero Taco todavía está mitad en sueños. Lo abraza finalmente, y lo besa. Maquito se viste y va corriendo escaleras abajo. Taco se queda sentado, con las piernas estiradas y enfundadas en las frazadas aún. No piensa en nada, sólo busca fuerzas para pararse y empezar su día. Hay que ir a martillar y a serruchar.
Taco toma mates. ¿Neló ya salió? Está laburador el crío. Los cuatro quedan en silencio. Sólo habla Maquito a veces. Me voy a ver a los caballos y después estoy en la sanguchería, se despide Taco, saliendo por la puerta.
Inmediatamente después de cruzarla, la anciana comienza a toser. Taco cierra la puerta y queda inmóvil afuera de la casa, atento. La tos es desgarradora, brutal. Parece que quiere arrancarle la vida, a la pobre vieja. Escucha a Irma tratando de ayudarla. Taco mira hacia arriba, recuesta su cabeza contra la pared y cierra los ojos. Los aprieta y los siente perder lágrimas. Escucha a Irma de nuevo, horrorizándose ahora de la sangre que los viejos pulmones llevan hasta la boca. Taco ya ha visto el ámbar en sus viejos dientes, en sus labios y en su lengua. Como si poco a poco la sangre la abandonara, presagiando que la vida seguirá el mismo camino. Al lado del joven, el esposo de la agonizante mujer permanece imperturbable.
Trata de recomponerse, Taco. Se refriega los ojos y camina. Mira el cielo, y adivina que va a ser un buen día. Caranegra y Puno le ladran y le juegan. Hola, hola; basta, basta. Camina hasta la tranquerita y la abre. Mira a los caballos. Acaricia la trompa de Lucero, y el enorme caballo blanco lo observa atentamente con sus inmensos ojos. Taco toca su pata trasera, está sanando despacio, se ve bien.
Neló ya habrá cargado las maderas, piensa, y se dispone al trabajo. Busca las herramientas y enfila hacia la casita. Piensa en la anciana que es su madre y que al mismo tiempo no lo es. Taco era chico, pero se acuerda de su madre muriendo. Era un nene, pero tiene grabada a fuego la figura de la mujer, que le dio vida y lo amamantó, en sus últimos momentos. Gritando desesperada, y mostrando todos los dientes en una cara de sufrimiento que él nunca había visto. Lloraba y se aferraba de la mano de la abuela. La abuela que después sería madre de nuevo. Y sangraba, y lloraba y gritaba de nuevo. De pronto, un llanto, un nuevo llanto. Un llanto infantil. Y el silencio materno, para siempre.
Escupe con fuerza en el suelo y monta al potro. Al paso, se aleja de la casa, y se confunde en el paisaje. Prende un cigarro, mira las cimas y suspira. El humo le calienta la cara, y lo relaja. Es un día como cualquier otro.
**
Bs. As., Verano-Otoño-Invierno 2006
Runin Vari

martes, 25 de septiembre de 2007

Poesía #13

De cuando volví de un viaje sintiendome débil...

Las rodillas dobladas
El canto del pájaro,
Las manos desnudas;
La madre que sueña la vida del hijo.
*
El hombre que ama,
El niño que llora;
La sangre que fluye.
*
No hay dios, el dios es mi vida.
*
Las rodillas dobladas,
No dejan que me pare;
Los dedos torcidos,
Los besos y abrazos.
*
Los escudos, las espadas,
No tuve defensa ni ataque;
Los ruegos, las palabras;
Los viajes, la gente.
*
Las bocas,
La boca,
Su boca,
Sus labios, sus dientes,
Su mente;
Y yo.
*
Yo roto,
Yo maldito,
Yo desnudo;
Yo solo,
Lejos,
Tonto,
Pálido,
Flaco,
Y débil.
*
Y mi mente,
Y mis dientes,
Y mi boca,
Que se muerde para no pedir.
*
Mi boca que llama,
Que llora y ahoga los gritos,
Traga las palabras,
Mastica las broncas.
*
Y mis ojos,
Que también se muerden,
Porque no quieren quedarse secos.
*
Los dejo cerrarse, entonces,
Y me trago las lágrimas;
La panza se ahoga,
Se mueve la mente.
*
Y el dolor.
*
El dolor que duele,
Como hacía tanto no dolía;
No sé bien donde,
Si en la panza,
Si en los pulmones,
O si es más adentro.
*
Lo siento,
Y aunque altere mi mente,
Las manos me tiemblan,
Y estoy solo de vuelta;
Estoy lejos,
Estoy frío.
*
Me acuesto,
Me enfermo,
Me muero, me disuelvo;
Me desarmo,
Y, lentamente,
Me duermo.
***

Río de la Plata, Verano-Otoño 2006

Runin Vari

martes, 18 de septiembre de 2007

Relato #2 (2da de dos partes)

De cuando transformé un viaje en un conjunto de palabras y lágrimas...

[Sin Fotos]

El paño blanco (II)
Al fin, y todavía sin mirarlo, le pidió gentilmente que se sentara. Y él lo hizo. Ella giró hasta quedar boca arriba y tomó sus manos. Se mordía los labios, y una lágrima caía por su rostro. Después de tanto tiempo de espera, él se sintió liberado al ver nuevamente sus hermosas facciones. Ella le tomó la cara con las manos y lo acercó hacía sí, mirándolo fijo. Él cerró los ojos muy despacio, dejándose trasladar y sintió el beso. Sintió dormir en esos labios de aire. Sólo quiso quedarse así, mientras acariciaba la femenina piel. Eso era todo para él. Su piel: suave, perfecta, cálida, hermosa.
Pero se miraron, luego, a los ojos tan fuerte... y él sintió miedo. Se miraron a los ojos... y ella lo despeinaba y lo volvía a peinar con las manos, en un movimiento lento y pensativo, mientras lo miraba. Y parecía analizarlo. Sin embargo, le contó cuánto lo había extrañado y cuánto había estado desando verlo de nuevo. Él le creyó. Y le acarició los párpados con sus labios, la mejilla con su mentón y los labios con su lengua.
**
Abrigándola con la prenda, que hasta ese momento todavía mantenía entre sus manos, se recostó en su pecho pensando en sentirse bien, en sentirse fuerte; ella lo abrazó. Pero a pesar de lo que había soñado, no se sintió protegido, no se sintió cuidado. Entonces lloró algunas pocas lágrimas. La mujer también sintió dolor, pero se cuidó de no llorar.
Permanecieron quietos y en silencio. Los segundos corrían como horas, y los dos comenzaron a darse cuenta de lo que traería el tiempo, sabían lo inevitable. Cuando ya no pudo escuchar más la quietud, se enderezó y la miró. Ella hizo lo propio y pudo ver en sus ojos, enormes pero como de niño, su angustia. Pudo ver porque él dejaba que lo viera. Pero su femenina debilidad no pudo soportarlo, y terminó desviando la mirada y recostando su sien sobre las sábanas como una muerta. Él volvió a recostarse sobre ella y le mojó la cara con lágrimas. Besó su mejilla, como pidiendo, pero no hubo reacción. Besó, luego, su cuello. De cerca pudo ver una lágrima intentando abandonar los pequeños y femeninos ojos, pero estos se mordían...
Pidió por favor, y ella, sin mirar, le tomó la mano mientras cerraba los ojos. Permaneció quieta, deseando poder sentir lo que alguna vez había sentido... pero no pudo. Él le dijo algo muy frío al oído, algo que remitía al odio. Se irguió y le tocó la cara, dándole la mejor caricia que pudiera dar. Ella lo miró al fin y el desolado pudo ver que ella quería pedirle perdón con la mirada. Pero las palabras no salieron, las palabras se ahogaban. Él sintió dolor, porque conoció el rechazo. Ella sintió dolor, porque no pudo evitar el rechazo. Nuevamente, el silencio.
**
Segundos después, abandonando la prenda para siempre sobre el deseado cuerpo, se incorporó y, alejándose de la cama, le dio la espalda. Caminó muy despacio, esperando que lo detuviera, pero no ocurrió. Ella soltó la lágrima que contenía. Y él llegó hasta la puerta.
La atravesó, cruzó la sala y llegó a los pies de la escalera. La puerta de entrada estaba abierta de par en par, porque la había dejado así al entrar. Miró el valle y se quedó sin aire. Miró a la luna y sintió que ésta lo llamaba. Volvió a pensar en las palabras que le había oído decir hacía tanto tiempo, y las escuchó mentirosas. Volvió a pensar en la mujer, y la vio niña. La vio maldita. Se vió muerto, pero con sed de vivir. Comenzó a caminar nuevamente sobre el verde. Poco después, se perdió en los árboles.
Dentro, la mujer dejó salir, detrás de la primer pequeña lágrima, una más y se aferró al paño. Lo notó extraño, lo notó pesado y tibio. El paño estaba empapado, y la manchaba. El ámbar caía hasta el suelo. Se miró la piel, que ahora vestía de sangre. La sangre, supo, no era de ella.
***
Bs. As., Otoño-Invierno 2006
Runin Vari

jueves, 13 de septiembre de 2007

Poesía #12


Borrachos en la cocina
Esto no es una despedida.
Me acuesto y nunca duermo,
Trago, pero nunca sacío mi sed,
Escupo y nunca corto la piel.
*
Te voy a extrañar,
Nunca te dejé de querer.
Montañas de amor te acarician,
Te escalan, te dejan ser.
*
Esto no es una despedida,
Lo NUESTRO tampoco es una despedida.
Si hubiera elegido conocerlos de una manera,
Hubiese sido de esta misma.
De la única forma en que no los voy a extrañar,
Será cuando los vea inmersos en mi mundo paralelo;
Donde no puedo verme a mi mismo.
Sólo ustedes, en mis sueños.
*
Aunque cambiemos, siempre vamos a ser los mismos,
Por eso quiero que cambiemos.
Separados por un tiempo, pero juntos.
*
Te voy a extrañar,
Te voy a olvidar,
Te voy a tener justo en el centro del cerebro.
Haciendo nacer lágrimas,
Arrugando la piel en sonrisas,
Doblando las rodillas cuando me caiga.
Rompiendo paredes con mis puños,
Vestidos sólo de sangre.
*
Fumando millones de humos,
Soñando 100 sueños,
Riendo imbécil.
***
Bs.As., Invierno 2007
Texto: Jools/John/Stiven
Foto: Lulo

martes, 11 de septiembre de 2007

Relato #2 (1era de dos partes)

De cuando transformé un viaje en un conjunto de palabras y lágrimas...

[Sin Fotos]

El paño blanco (I)
La puerta estaba sin llave y ni siquiera rechinó anunciando su entrada. Había caminado por el bosque y atravesado el valle para llegar. La casa estaba oscura y lo recibió mostrándole las escaleras hacia el piso superior; al lado y en la misma dirección, el pasillo hacia la cocina y los cuartos traseros; y, a la izquierda, la habitación central.
La débil luz de la luna, que bañaba el valle, entraba pálidamente a la casa. Posó su mano derecha sobre la baranda de la escalera. En el mismo movimiento miró, entrecerrando los ojos, hacia el fondo del pasillo. Finalmente, caminó hacia la izquierda; hacia la vacía habitación.
Se quedó parado mientras la recorría con la vista. Frente a él, los dos viejos sillones posados en dirección del hogar, y el hogar apagado, como parecía haber estado durante siglos. La biblioteca un poco más a la izquierda, con menos libros de los que su capacidad podía albergar, dispuestos todos con mucho lugar entre uno y otro, y recostados hacia un lado, como empujando. Al costado de la misma, la pequeña mesa, con una vela que tampoco contaba con el calor del fuego. Las largas y fantasmales cortinas blancas cubrían sólo parcialmente las ventanas en la pared de la izquierda; uno de los vidrios estaba roto y dejaba que la fría brisa entrara. El ambiente era helado y el suave soplido por momentos le despeinaba el flequillo.
En la pared opuesta, a su derecha, se imponía la puerta de entrada a la pieza. La puerta que había pensando atravesar durante todo su largo viaje. La puerta que no estaba del todo cerrada. Enfrente suyo, en el respaldo de uno de los sillones, pudo ver posada una prenda perteneciente a la mujer. Una prenda blanca y muy limpia. Se acercó y su mano reposó sobre la tela, mientras miraba distraídamente alrededor, a las ventanas, a la biblioteca, a la puerta...
Caminó dos pasos en dirección a la pieza y se arrepintió de no haber tomado la prenda, sin embargo continuó. Pero tres pasos más adelante, sin detenerse del todo, giró sobre sí y volvió a buscarla. Caminaba nuevamente ahora, con la tela tomada de un extremo en su mano izquierda, casi sin fuerza, arrastrando la otra extremidad por la alfombra. Su andar era débil, como tímido, como temeroso, pero decidido al fin. Arrastrando también, entonces, los pies, llegó hasta el final de la sala. Sin detener del todo la marcha, empujó la puerta suavemente con el revés de su mano derecha, y ésta se abrió. Su otra mano apretaba ahora el paño muy fuerte.
**
Se detuvo y observó la habitación. Era clara y cálida. Los detalles y adornos eran azules y celestes, en tonos pasteles. Allí las velas sí estaban prendidas, y teñían el ambiente en una amarillo débil. Ella estaba recostada, mostrándole su espalda desnuda. La recorrió con los ojos.
La observó desde la mano izquierda en la cabecera de la cama, que caía como muerta, pasando por el largo brazo extendido; por la cabeza, que tenía el pelo recogido y le mostraba su nuca y su cuello; por su espalda, blanca y pura; por el contorno de la perfecta curva que se dibujaba desde la cintura hasta la cadera; por su trasero y sus piernas, que estaban torpemente tapados por las blancas sábanas; hasta sus pantorrillas, que se liberaban de la pálida cortina y descubrían, finalmente, sus pequeños pies. Casi la tocó con los ojos.
Se acercó hasta la cama, y se quedó de pie, mirándola, con un esbozo de sonrisa en la expresión. Ella actuaba como si no supiera que él estuviera allí, o como si no le importara. Los segundos no pasaban para él. No podía evitar querer tocar y acariciar su cuello; desear sus grandes y perfectos senos; querer besar la increíblemente suave piel de sus mejillas, brazos y espalda; perderse en sus carnosos labios de oro, sus firmes carnes, sus dulces piernas.
**
(Fin Pirmera Parte)
Bs. As., Otoño-Invierno 2006
Runin Vari

lunes, 10 de septiembre de 2007

Poesía #11

De cuando me embarqué rumbo este, a la nada. Luego vería películas...

Te pido la Piel
Juego al juego
Y cambio las pieles;
Rompo ideas
Y corro el tiempo.
*
Persigo sucesos,
Viajo la vida;
Busco los días,
Sueño mil sueños.
*
Si recorro senderos,
Y camino caminos;
Abro los ojos y,
Quizás, tus pies pequeños.
*
Te doy, entonces, mis manos,
Y me saco la piel,
Para abrigarte.
*
Te pido tu piel,
Me duermo en tus besos,
Y te ruego que te quedes.
***

Río de la Plata, Verano-Otoño 2006

Runin Vari

jueves, 6 de septiembre de 2007

Relato #1

De cuando miré atrás en los recuerdos y después vi morir...


Niño muerte, niño vida

“... Algo, como la hoja fría de un puñal,
penetró en mi cerebro;
faltó a mis ojos luz y a mi pecho aire:
era la muerte, que me hería...”
Jorge Isaacs

El niño nació en el sur. Muy al sur. Nació en otoño, en una fría sala de hospital. Se encontró con una madre agotada y un padre lloroso. El niño lloró también. El hombre, robusto y con pelos en el rostro, y la mujer, delicada y esbelta, ya tenían descendencia. El niño conoció a su hermana, de largo pelo negro y reía. El niño río también. Y creció, nutriéndose de leche materna y caricias. Durmió siestas interminables. Se río de las gracias y lloró, lloró como el ser más caprichoso de la tierra.
Lentamente llegó al año de vida, con mejores capacidades para moverse que para comunicarse (aunque ya se advertía su fuerte expresividad). Sus ojos se notaban enormes y su cabeza se adornaba de mechones del color del oro. La Mamá y el Papá eran felices y estaban orgullosos. La pequeña casa ya abrigaba, y eran cuatro personas, mientras volvía a nevar.
No contaba con un año y medio cuando cayó al agua. Se hundió gritando y su boca abierta permitió que tanta agua entrara a su cuerpo. El niño moría, se inundaba su frágil vida, se la sacaban; pero en el final fue rescatado. Llegó muy rápido al hospital. El Papá no recordará nunca qué ocurrió en los minutos entre que colgó el teléfono que le anunciaba la noticia y su llegada a la sala de urgencia. Lloró con la Mamá. Abrazados, juntos, desesperados. Era muy pronto; era tan pronto. Pero los tubos que le metieron en la garganta le vaciaron los pulmones de agua y la pequeña nariz los llenó una vez más de vida.
El niño siguió creciendo, y se hizo un poco más fuerte. Los dientes, muy pequeños, le dolían la boca. La cabeza se hizo grande y se llenó de pelos. Y aprendió a hablar. Y a correr. Y trepó árboles, y trepó cercos.
Un día, por primera vez, le cosieron la piel. Y siguió creciendo, cambiando sus pieles. Los pelos se hacían un poco más castaños. Acarició perros (años después habría de leer que todos los perros me quieren). Aprendió a jugar. A conocer otros niños (parecidos, pero nunca como él), y jugó con ellos, y corrió por muchos pastos; y se columpió en hamacas; y montó subibajas. Y subió a toboganes. También, desgarrando la voz, aprendió a sangrar y a sentir el dolor quemándole la carne.
El niño creció aún más. Creció y se formó. Aprendió a leer y aprendió a escribir. Aprendió a pelear. Y volvió al agua. Volvió muchas veces. Y una vez el mar estaba furioso. Pero él lo desafió y corrió dentro, penetrándolo fácilmente en cada patada. Sólo que esta vez el mar lo golpeó, justo cuando quiso salir. No lo dejó. Pero El niño se había hecho más fuerte, y esta vez peleó y nadó. Hasta que golpeó la roca tan fuerte que su talón dejó salir la sangre. Y el mar golpeó de vuelta. Y la Hermana y el Papá gritaban, y lo veían alejarse. Y la Mamá lloraba. Y la desesperación les pegaba en las espaldas. No resignándose, no queriendo ver que era El niño el que moría primero, que otra vez se enfrentaba al silencio. Y ahora todos gritaban. El niño perdía la pelea, porque las olas eran muy fuertes y altas y lo hacían sentirse débil. Y se lo llevaban más adentro. Aunque abatido, no estaba derrotado, no estaba muerto. El mar lo tiró muy fuerte contra las rocas y El niño las sintió clavarse en la piel de su pecho. Pero se aferró a ellas. Y continuaba recibiendo los golpes, aunque ya no podrían chuparlo dentro, no más. Todos lloraban y gritaban, y él salió caminando. Con la emoción de haber recibido los rasguños de la misma muerte en la nuca; la caricia helada de no vivir más. Aterrado, pero victorioso.
El niño creció todavía más, y su rostro se endureció y su cuerpo se formó. Y vivió vida, y vio, por primera vez, un cuerpo inmerso en la misma muerte. El niño amó y odio, y río más, y lloró. Aprendió a amar, a amar a aquellos que eran su familia, a la gente sencillamente buena, a las mujeres hermosas y dulces, a los libros, a la música y a las películas. Descubrió el odio, el odio más profundo. Y descubrió cuánto le gustaba reír. Y supo lo que era llorar de la forma más desesperada, cuando el pecho se cierra y los ojos muerden lágrimas. También recibió muchos otros golpes. Su cuerpo, además, se llenó de marcas. Algunas sólo en la piel, otras mucho más profundas. Y recibiría un gran golpe más. El niño supo de gente cercana que moría. Gente joven, gente vieja; gente sana y gente enferma; familiares y conocidos. Aprendió que él, como todos, vivía cerca de la muerte.
El Papá tenía una madre, la abuela de El niño. La Abuela era muy anciana. Y a veces se perdía, y a veces no entendía. Y se repetía, se olvidaba... Y ya no pudo vivir más sola. Se caía, se golpeaba. Y El niño la observaba en sus visitas. Y tuvo que ir a una sala con medicinas, con suero en los pequeños y arrugados brazos. La Abuela largaba vida en cada expiración. Se vaciaba. Y El niño la acompañaba, le acariciaba la frente. Le dio de comer, le habló, la escuchó decir sus incongruencias y sus fantasías. La Hermana también la acompañó. Pero sus huesos ya eran como de papel, su piel era casi transparente. Y cumplió nueve décadas. Y un día, se durmió y los ojos quedaron cerrados para siempre.
El niño había visto cadáveres, había oído el relato de la muerte del Abuelo, había ido a entierros y a velatorios. Pero era su sangre la que moría. El Papá se despidió y el cajón ardió. El Papá lloró. El niño y la Hermana lloraron detrás de él. La Mamá de El niño lloró por ellos a miles de kilómetros. El niño acompañó al Papá hasta los árboles, desparramó la tibia ceniza en el verde y recordó una vez más a la anciana. Lloró con el Papá.
El niño volvió a ver el mar. El niño ya no es niño, y entendió qué es la muerte, qué es lo que significa, entendió que puede morir. Entendió que los que lo rodean pueden morir. Tocó la muerte y la vio a los ojos. El niño vive, y desde ahora, vive sabiendo la muerte.
***

Bs. As., Otoño-Invierno-Primavera 2006

Runin Vari

lunes, 27 de agosto de 2007

Poesía #10

De cuando no dormí en la plaza cuando terminaba la tarde...



Pasto
Parece el sol escaparse
En cada paso que doy.
Sólo busco verde pasto
Que brille con el sol.
*
Cinco de la tarde,
En primavera urbana.
*
Va muriendo el invierno,
Que requiere
El abrigo de mi cuerpo.
*
Manto de nubes,
Lecho inverso de sueño automático
En pasto de plaza.
*
El soplido de mundo,
Helado como cuchillo,
Me tajea la espalda.
*
Hoy es amor.
Y hoy soy, al mismo tiempo,
Un niño y un anciano.
*
Que te puede mirar,
Que te podría oír,
Que te quiere besar.
*
No puedo más que observar
Tus labios,
Que escriben, en el aire, las palabras.
*
¿De quién es la ventaja
De que no te des cuenta
Lo expuesto que estoy?
*
En el punto exacto
En que el invierno quema la piel
Y la primavera es el frío mismo.
*
Siempre fui y siempre soy
Nieve,
Siempre seré nieve.
*
Falso refugio
De plaza,
Con árboles y bancos y pasto.
*
Auténtico abrazo
De humo,
Y de ruido y de asfalto.
*
Pretendo vivir acá
Pero sólo
Pasa el tiempo para mí.
*
Podría dormir,
Pero sólo en tus brazos.
*
Podría reír,
Pero sólo bajo tus ojos.
*
Podría escribir,
Pero sólo sobre tus besos.
*
Podría vivir,
Pero lejos de todo,
Y cerca también.
*
En ningún lugar,
Y en todos lados.
*
Arraigado a todos,
Y a nadie.
*
Extrañando a todos,
Y a ninguno.
*
Totalmente solo,
Y con vos...
***

Bs. As., Invierno-Primavera 2006

Runin Vari

jueves, 23 de agosto de 2007

Poesía #9

De cuando caminé solo por la última frontera norte...

Arbol negro

No estás tan lejos ahora, árbol.
Ya casi puedo tocarte,
Ya casi puedo sentarme a tus pies.
*
Sigo viendo tu copa desde hace minutos.
Vengo anhelándote desde hace kilómetros.
Sigo la vieja viga de tren (siempre recta),
Jamás me desviaré.
*
Sobre mi cabeza, el cielo celeste y furioso.
Nubes blancas y grises y hasta negras,
Arremolinándose, trenzándose en futura tormenta.
Bajo mis pies, pasto y barro.
*
Sólo un instante me detengo,
Para observar el rebaño (con una oveja negra).
Mi destino es alcanzarte.
Entonces, continúo mi camino.
*
A mi lado, pequeñas casas de adobe,
Praderas verdes y plantaciones.
Cada vez estás más cerca.
*
Observo dentro del charco y,
Si presto atención, capto su reflejo.
Puedo ver el cielo a mis pies.
Veo arriba mirando hacia abajo.
*
Ya casi puedo tocarte, árbol.
Sonrío, y le arranco a la tierra una amarilla hierba.
La pongo en mi boca, mientras te miro,
Sin detener mis pasos.
La muerdo. Y ya estoy acá.
*
Cuando comienza a hacer frío,
Cruzo el alambrado -con púas-
Y me siento en los restos de un tronco para mirarte,
Y para escribirte.
*
Guía en mi camino, voy a dejarte atrás.
Ya te tengo, árbol, sos mío para siempre.
Jamás te voy a dejar ir.
*
En un minuto voy a acariciarte
Y desandaré mis pasos por la vía.
Te voy a dejar atrás.
Jamás voy a soltarte,
Jamás vas a morir para mi, viejo árbol.
*
Tus hojas son verdes y tu tronco es áspero y casi negro.
Son parte, ahora, de mi eternidad.
Hasta siempre, árbol, ya comienza la tormenta.
***

La Quiaca, 12/Ene/7

Runin Vari

jueves, 16 de agosto de 2007

Poesía #8

De cuando miré lejos en busca de soluciones y una niña definió mis inquietudes...

Flores en la luna
Claudia tiene 7 años.
Claudia me dice hay flores en la luna.
Hay flores en la luna?
Los pensamientos van demasiado rápido.
Dónde están esa flores?
*
Mis ganas de viajar ya están adelantadas,
Y yo sigo quieto.
Mi mochila sigue vacía, en el placard.
*
Los espejos están escritos.
Los infelices están parados en la calle.
Los violentos tiran espuma por la boca.
A los ancianos que lloran porque están derrotados,
Les duele la derrota.
Es culpa de ellos.
*
Mis ganas de amar arden,
Me explota la sangre,
Me quema atrás de los ojos (que intento apagar con agua)
Y dejo pasar dos mujeres.
*
En estos meses, las botellas se vacían cada vez más rápido,
Los discos se gastan en semanas.
Pero las canciones me duran para siempre.
Siempre hay nuevas botellas para vaciar.
*
Una mujer y otra mujer cruzan una calle.
Yo no mojo mis pies.
Yo no prendo fuego los senderos.
*
El humo me quema los pulmones, de nuevo.
El humo nos quema los pulmones.
Nunca voy a dejar de fumar.
Sin embargo, estoy a un paso de no volver a fumar.
*
El tiempo corre en saltos de minutos.
Uno atrás de otro.
Yo no me muevo por ese camino.
Trato de matar al tiempo sin vivir,
Pero el tiempo es demasiado veloz,
Y es demasiado duro para que pueda romperlo.
De todas formas, aun tengo la ventaja.
*
Me hago viejo.
Pero siempre soy joven.
Me tranquiliza saber que nunca dejaré de ser joven.
Me altera que el tiempo se mueva y yo me quede inmóvil.
*
Las ideas para escribir vuelan a toda velocidad.
Yo levanto mis brazos cada tanto (cuando no estoy cansado)
Y logro atrapar algunas.
Pero a veces sólo quedan en mis manos las viejas,
Las enfermas, las heridas.
Las que se dejan atrapar.
A veces no.
A veces son pequeñas y honestas piezas.
*
Los colectivos vomitan humo,
Y todos respiran aliviados.
Los buses de larga distancia todos los días arrancan.
Siento que me esperan.
*
La lista de libros que quiero leer
Se engrosa a pasos agigantados.
Y cada vez menos quiero tener el mismo libro en mis manos.
*
El subterráneo me tajea los oídos,
Con su forma metálica de frenar y de cortar el aire.
100.000 viajeros de subterráneo me chupan el alma.
Prefiero que mueran solos.
*
La juventud coquetea conmigo.
A veces me hace sentir que es mía por completo.
A veces siento que me mira de lejos.
A veces vuelve. Nunca la vi a los ojos.
*
Las cuerdas de la guitarra se enriedan en mis dedos tontos.
Mis dedos torpes.
Melodías en la cabeza.
*
Una vez vi a la juventud a los ojos.
Durante cuatro meses.
Esteba pegada a mí.
Un día, incluso me besó la boca.
Pestañeé y estaba un poco más lejos.
Pero no me soltaba la mano.
*
Amo besar una boca suave.
Amo los labios dulces.
Los labios de las mujeres que me han besado.
*
Partículas de aire, y el sol cruza la ventana.
Todos amanecen en sus pequeñas cápsulas.
Juegan a ser felices.
A tomar decisiones.
Todos jugamos a tomar decisiones.
*
Las flores en la luna se ven muy borrosas.
Se ven muy chicas, las flores en la luna,
Desde acá.
***

Bs.As., Invierno 2007

Runin Vari

martes, 14 de agosto de 2007

Poesía #7


Pensar los dos
Escucho voces,
Voces que me hablan de amor,
Me hablan de vos.
*
Y el silencio me perturba,
El tuyo tal vez.
No calles, regálame voz.
*
No corras, espérame acá.
No mientas, no me dejes creer.
Barro tuyo baña mi piel.
*
Hoy lloraron.
Ayer corro en pasos agigantados.
Mañana lloraste.
*
Y hoy también vas a llorar,
Lo presiento.
Tus lágrimas ahogan mi ser, de nuevo.
*
Y se que te perdiste,
Significa que no volverás,
Como yo,
Nunca voy a volver a ser el mismo.
*
Nunca vuelvo.
Perdido en el camino, idiota también.
Muero un paso, muero un trago, muero un rato.
Alcanzo en sueño y me desarmo.
*
Hablo, nada más hablo.
Hablo para vos.
Toco piel para vos.
Cierro los ojos sólo para vos.
*
Y vos los cerrás para mi,
Sé en que pensás,
En mis labios sedientos de los tuyos,
En mi vida hambrienta de la tuya.
*
Y en la vida que es incomprensible pensamos los dos.
El silencio se apodera,
Estamos juntos.
*
Duermo, entonces, aliviado.
Cuerpo, ahora, relajado.
Automático descansar.
*
Cierro los ojos sólo con vos.
Bebo sólo de vos.
De besos rojos y negros.
Muero en tomos, en silencio, en carne.
Muero en mi propia forma de lobo.
*
Abro los ojos,
Te veo abrazándome,
Y veo lo real también.
Muere el silencio, se pierde el placer.
*
Vida, muerte y mas vida también,
Más tristezas, más anochecer.
Te sueles oscurecer, yo también.
Me acuerdo del pasado, y pienso que sos vos.
***
Bs.As., Invierno 2007
John/Stiven

Poesía #6


Parte de mi
De amor y de odio,
Dos partes de mi.
De fuego y de sangre,
Me veo partir.
*
Te quiero y te extraño,
Me siento morir.
Entre tinieblas te escucho
Y escapas de mi.
*
Ya no te deseo, Mundo,
Ya no me haces feliz.
Pues ensordeces mis palabras y mis silencios, y mis nostalgias;
Pues me drogas de infeliz.
*
De hambre y de suerte,
De azar me nutres.
Quizás soy un ser triste,
O quizás me acostumbraste a vivir.
*
Hambre y dolor,
Se necesitan como el cielo y la tierra.
Guerra y anhelos,
De un mundo y mío, o nuestro talvez.
*
Tener y no sentirlo,
Perder y quererlo.
Morir y la nada,
Vivir y en la Tierra.
*
A veces siento alcanzar una estrella,
Tal vez para no verme tan terrenal.
A veces descubro mi entereza,
Aunque sólo sea al llorar.
*
Es que te odio, Mundo,
Creo que amo odiarte.
¿Es el aprecio al desprecio,
O el desprecio al aprecio lo que se apodera de mi?
*
Es que intento entenderte
Y termino por no entender mi existencia,
Es el silencio en el dolor, es la frustración en el corazón,
Es mi desprecio al amor.
*
Y es cuando esa voz me habla,
Cuando se refugia temerosa y tenue y constante dentro de mi,
Repitiendo y repitiendo miserias humanas,
Cuando me ahogo y me ahoga el sentir.
*
(Oscuro, humo alrededor).
“Sucio humano egoísta
Sucio sistema opresor”,
Su dolor nihilista.
*
Ese mismo que hoy también es mío.
***
Invierno 2007
Humildemente dedicado a la Señorita Dolor, Emily Dickinson.

lunes, 13 de agosto de 2007

Poesía #5

De cuando vi películas en blanco y negro...

Rosebud
(sobre textos de Orson Welles)


Rosebud
*
I don't think there's one word
That can describe a man’s life.
*
Rosebud
*
Don't go, Susan. You mustn't go.
You can't do this to me.
*
Rosebud
*
Throw that junk in.
*
Rosebud.
***
Bs.As., Invierno 2005
Runin Vari

Une étrange aventure
(sobre textos de Jean-Luc Godard)

I know the privilege of the dead,
That is to die no more.
*
Once we know the number one,
Says the machine,
We believe that we know
the number two,
Because one plus one
equals two.
But we forget that first
we must know
The meaning of plus.
*
Fuck you with your logic.
I refuse to become
What you call normal.
*
And I know the privilege of the dead,
That is to die no more.
*
What the Hell!
Take the girl
And leave this planet
As soon as possible.
***
Bs.As., Invierno 2005
*
Runin Vari

lunes, 6 de agosto de 2007

Poesía #4



Adentro
Un teclado y dos bicicletas o más
La disciplina que no llega
Una habitación retrato del yo
(una inestabilidad emocional)
Uñas despintadas o raíces desteñidas
Copos de maíz con azúcar que suenan a oboe
Y qué?
La vida no está en otra parte, Kundera!

23.06.07 – 3:29am


Afuera
Caravanas de ciudades
Y enrosques de mundo
Catatónico y tectótico
(por sus placas)
Los seres que no tocan el corazón
La indigestión
Los restos, defecación
La excitación de lo desconocido
La Experimentación

23.06.07 3:45am

jueves, 2 de agosto de 2007

Poesía #3

De cuando leí cuentos galeses...

La inexistente carne

“...No podía imaginarse una mujer sin labios...”
“...Qué sería, se dijo, de la mujer sin labios...”
Dylan Thomas

La mujer sin labios no habla,
La mujer sin labios no besa,
La mujer sin labios no ríe.
*
La mujer sin labios mira a los ojos,
Piensa a la gente.
*
La mujer sin labios llora
Y extraña la noche.
*
La mujer sin labios no canta
Y no bosteza en las mañanas.
*
Se refugia en sus sueños,
Se esconde en los libros
Y se abriga en sus discos.
*
La mujer sin labios mira la lluvia
Detrás de la ventana,
Y sus dedos recorren el vidrio
Que está seco y que está frío.
*
La mujer sin labios envidia
Por no poder morderse pensando,
Por no poder gritar las canciones.
*
La mujer sin labios odia
No poder mostrar sus dientes
Al reír desafiante.
*
La mujer sin labios se detesta
Y llora y se ahoga
Al pensar que jamas en su vida
Un salvaje beso
Le clavará los dientes
En la inexistente carne.
*
Que nunca adornará su cara
El rojo brillante.
*
Que nunca podrá decirle
A un viajante,
Que la lleve donde él quiera llevarla.
***

Ruta Nac. 2, e/ V. Gesel y Bs.As., Verano-Otoño 2006
*
Runin Vari

viernes, 20 de julio de 2007

Poesía #2

De cuando fui a la calle Florida poco después de haber leído el Sutra de Ginsberg y miré dos ojos celestes...


Las Ganas de Vivir del Girasol
¿Es, acaso, una casualidad (causalidad)?
¿Fue una predestinación, una coincidencia
Que tan poco tiempo antes
Aquel poema llegara a mí?
*
El poema que describe
La hermosura del Girasol.
Que remarca el fuerte contraste
Con su contexto de polvo, de máquina,
De mugre de Locomotora.
*
Hoy la ciudad es la máquina, la Locomotora.
La que tanto odio.
La sofocante, la sucia.
La ruidosa, la peligrosa.
La enorme, la veloz.
Y vos… sos Girasol.
*
¿Qué hice para tener que recibir tu imagen?
¿Qué NO hice?
¿Qué no hago?
Nadie hace.
*
¿Por qué tu mirada está tan perdida?
¿Por qué?
Es algo que no puedo entender.
Sos demasiado niña,
Sos demasiado hermosa
Para mirar la nada con esa expresión de nada.
*
Como siempre, yo estoy furioso,
Porque en las calles céntricas es imposible caminar.
Nadie mira,
Todos chocan;
Todos corren,
Y nadie mira.
*
Y en el odio,
En el ruido,
En la turba,
Te veo a vos, totalmente hecha de luz
(Entre tinieblas urbanas).
*
No fueron tus inocentes mechones dorados,
Que estaban sucios y caían lacios sobre tus hombros,
Los que primero me detuvieron.
*
No fue la muñeca de trapo, tampoco,
Aunque hubiera querido arrancarme un pedazo de alma
Para convidarla.
*
Fueron tus ojos.
*
Fueron tus enormes ojos celestes.
Tus ojos que, me imagino,
No cuentan aún diez años.
*
Tus padres y tus hermanos
Piden limosnas a tu lado.
Piden compasión…
Piden algo de ayuda.
*
Vos no.
*
Tus pantalones rotos
Muestran piernas flacas,
Que adivino exhaustas.
¿Quién sabe cuántos interminables pasos
Debieron soportar en una sola mañana?
*
Tu mano izquierda abraza a la pobre muñeca,
Y la derecha la peina.
Pero no lo hace aplicadamente,
Como lo haría otra niña de tu edad.
*
Tu accionar es desganado,
Como de autómata.
Es cansado,
Es pura costumbre.
Pura formalidad.
*
Tus mejillas juntan suciedad,
Y se coronan, debo decirlo de nuevo,
Con los ojos-celestes-de-niña
Más perfectos y grandes
Que yo haya visto jamás.
*
¿Por qué tienen que mirar así?
¿Por qué todo es tan triste?
Muerdo los míos para contener las lágrimas,
Y se me ahoga el pecho.
*
No puedo entender que unos ojos así
Puedan desprender tanta tristeza.
¿Por qué tienen que mirar así?
¿Por qué todo es tan horrible?
*
No siento que pueda haber ya nada bueno,
En un mundo en el cual
Una niña como vos esté tan resignada.
*
¿Acaso teníamos que llegar a esto?
¿Sólo nos damos cuenta
Cuando vemos a un Girasol
Entre tanta Locomotora?
*
Me siento estúpido.
De pronto te veo, inocente Girasol,
Y todo lo que alguna vez me importó
Pierde sentido.
*
¿Cómo voy a volver a reír,
Sabiendo que vos tenés frío?
*
¿Cómo volver a comer,
Si vos sufrís hambre?
*
¿Cómo siquiera vivir,
Si a tu corta edad, vos parecés
Haber perdido toda esperanza?
*
¿Qué clase de horrible mundo es este?
¿Cómo puede existir una Niña-Girasol
Tan hermosa y tan triste,
Tan desprotegida y marginada
Y esta bola asquerosa seguir girando como si nada pasara?
*
¿Qué queda para nosotros?
La Nada.
Mirar a los ojos,
Luego al piso,
Y seguir caminando.
*
Pero, ¿no me doy cuenta?
Estoy dejando el Girasol atrás.
Lo estoy abandonando a su suerte,
En plena calle peatonal.
Hambrienta y frágil,
La estoy dejando sola.
Totalmente bella, y sucia.
*
¿Cómo vivir ahora?
Cuando una pequeña niña,
Un ser humano tan dulce,
Un Girasol,
Una flor con muñeca de trapo,
Con enormes-hermosos ojos celestes
Se pudre en polvo y ruido de Locomotora,
Se resigna de vivir.
*
Maldito el mundo
Que se ha robado
Tan cruel, vil y descaradamente,
Las ganas de vivir de un Girasol.
***
Bs. As., Primavera 2006
*
Runin Vari

jueves, 19 de julio de 2007

Poesía #1

De cuando leí a los Beats, y quise ser como ellos por primera vez...

Viejo Escritor
Foto de hombre vagabundo,
Bajo la atenta vigilancia,
De tres maniquíes vestidos de rojo.
*
No es una foto,
Es la realidad,
Es la ciudad desnuda, la ciudad nocturna.
*
Esos tres no son los únicos.
Hay mil maniquíes,
Y mil hombres vagabundos.
*
La resaca de película asquerosa y genial
Me hace estar alerta,
Y sorprendido en cada esquina.
*
Mil hombres vagabundos,
Un hombre vagabundo,
Un frío y hambriento y triste y sucio vagabundo.
*
Que se enrosca,
Que adquiere posición fetal,
Para recibir el futuro, o al menos,
Una noche más.
*
La cara, barbuda,
Y toda la cabeza que la rodea,
Adornada de débiles y oscuros mechones.
*
Toda ella,
Busca el calor,
Arropada en la vieja campera,
Con el cierre lo más arriba posible.
*
Forma un bulto tragicómico,
Comitrágico,
Triste y trágico.
*
¿Sabían?
¿Eran conscientes los escritores golpeados
De que estaban cambiando el mundo
Para siempre?
*
¿Conocían la magnitud que esas novelas,
Esas biografías, esos poemas y esos monstruos
Tendrían?
*
Dos pequeños,
Inocentes y perfectos,
Y un mentor,
Un padre escritor.
*
La cabeza enfundada,
Y las manos-garras,
Buscando calor entre los muslos.
*
Y yo paso caminando a su lado.
¿Estoy escribiendo?
¿Estuve escribiendo
Alguna vez?
*
¿Soy, acaso, auténtico?
¿Soy un vagabundo?
Supe escribir parado,
Suelo escribir mientras camino.
¿Escribo?
*
Hay mil formas de ser un vagabundo.
Está, por ejemplo,
La forma de él de ser un vagabundo.
*
Acostado sobre su costillar izquierdo;
La cabeza y las manos
En posición.
*
El pantalón que desaparece en las rodillas,
Y los pies, desnudos,
Prueban el frío.
*
Las rodillas,
Intentan buscar el pecho.
Así, como un bebé,
Con uñas larguísimas.
*
¿Lograré escribir alguna vez?
¿A mí, viejo poeta,
Me persiguen monstruos?
*
A mi me persiguen monstruos.
Pero no son asquerosos y voraces,
Como los tuyos,
Son más bien sutiles.
*
El único límite,
Es el límite interior,
Escribió el escritor,
Y no rió.
*
A mi NO me persiguen monstruos,
Son más bien frustraciones.
A mi me persiguen miedos.
*
¿Sabían?
Si, claro que sabían.
Debe ser tan obvio cuando uno está cambiando el mundo.
Amaría poder cambiar el mundo,
Para siempre.
*
Hay mil formas de vivir una vida.
La mejor forma, creo yo,
Es la forma que te destruye.
La forma de tomar decisiones.
*
La forma de ser espontáneo,
La forma que te hará quedar en la memoria de todos los hombres.
O de grandes hombres.
*
Qué arriesgada forma de vivir una vida.
Hay mil formas de vivir una vida.
Hay muchas formas de vivir una buena vida.
*
La suerte, pero sobre todo,
El coraje y la inteligencia,
Marcarán el tipo de vida.
*
¿Voy a cambiar alguna vez el mundo?
Quiero creer que sí.
¿Es por eso que escribo?
Yo no escribo, intento escribir.
*
El vagabundo intenta buscar calor.
Pero el piso está helado.
Y es tan duro…
*
Tiene el hambre de días,
Y los pies, de larguísimas uñas,
Se congelan.
*
¿Cómo es tratar de dormir,
Cuando se sabe,
Que quizás no se despierte?
*
O peor aun,
Despertar la mañana siguiente,
Y esperar hasta la próxima noche,
Sabiendo que será igual,
O peor.
*
Triste alma
La del vagabundo
Que no eligió serlo.
*
¿Cómo es el alma,
Del que, con desesperación,
Busca serlo?
*
El alma del indeciso.
El alma del temeroso.
El alma del no-poeta.
Esta, la mía, es el alma de el Hombre-Feliz.
*
Quisiera tanto poder vivir de la mejor manera,
Pero es tan difícil.
Es porque soy menos egoísta de lo que se requiere.
*
Soy menos arriesgado,
Más arraigado.
Menos sacrificado.
*
Soy más temeroso a tener miedo,
De lo que se requiere.
Soy más especulativo.
*
Pero no te hundas en desesperaciones,
A fin de cuentas,
Qué feliz te hacen las cosas que te rodean.
Las cosas esas que se vuelven PERFECTAS en la imperfección.
*
¿Por qué quiero cambiar el mundo para siempre?
Por la misma razón por la que escribo.
Por la misma razón por la que ellos escribieron.
*
¿Por qué trato de emborracharme en libros?
Porque fueron escritos.
Porque quiero.
Porque.
*
Está muy bien.
Está bien,
Me gusta vivir.
Sé es tan joven en la juventud.
(Tal vez demasiado joven).
*
Me siento muy joven,
Y a veces creo
Que voy a ser joven siempre.
Me gusta creer eso.
*
Hasta este poema piensa en ustedes,
Y no me deja expresarme tal cual soy.
Pero está bien así.
Me gusta ser así.
*
Quiero llegar a ser un vagabundo.
Soy un vagabundo,
Feliz,
Deseoso,
Imperfecto.
Afortunado.
*
No soy un vagabundo.
***
Bs. As., primavera 2006
*
Runin Vari

miércoles, 18 de julio de 2007

Inicio



Qué es UrboTerra?
Es la unión entre lo urbano y lo rural. Entre el cemento y la montaña. Entre las luces artificiales y las naturales. Entre la cerveza y el agua más pura. Desde donde surge cualquier forma de arte dispuesta a ofrecer algo nuevo. Una nueva corriente. Una corriente joven. Expresión diferente. Influenciada, pero influyente a su vez. Libros, cine, teatro, música, fotografía, pintura, danza, realidad, percepciones, opiniones.
UrboTerra es las ganas de dejar una marca diferente. La ciudad unida al campo.
Nacida desde la sensación de que el mundo es nuestro y es de todos. No pertenece más a alguien que a otro. Es de quien lo sienta suyo.
Así es como nosotros lo percibimos: el mundo fue hecho para nosotros y vamos a honrarlo por eso.
Probablemente, todo surja de nuestra diversidad artística, y del fanatismo por ciertas corrientes -por ejemplo, los Beatnicks-.
Probablemente, todo surja desde la admiración y desde la necesidad de algo original, de algo totalmente propio. Revolucionar el mundo del arte, desde cualquier lado. Hacer algo diferente, algo que deje una huella. Algo que rompa la cabeza de los que reciban ese arte. O cuando menos la nuestra.
Probablemente, todo surja desde esa noche de año nuevo en Tilcara.
Esta fue mi primer apreciación de todo esto:

Primer Día
Somos jóvenes
Y estamos en el mundo.
Estamos viviendo el mundo.
*
Caminamos el mundo,
Porque fue hecho para ser caminado.
Y nosotros deseamos caminarlo,
Porque somos jóvenes.
*
Porque tenemos mucha sangre,
Mucha vida,
Y muchas ganas de caminar.
*
Todavía queda mucha tierra para pisar,
Mucho vino para tomar,
Mucha tila para fumar,
Muchas chicas para amar.
*
Juventud en mí,
Juventud en vos,
Y en todos nosotros.
*
El mundo fue hecho para esto.
En millones de años,
El mundo se hizo únicamente
Para que nosotros lo caminemos a partir de hoy.
*
El mundo se hizo para nosotros,
Y es nuestro deber
(Nuestro destino)
Buscarlo y atropellarlo.
Llevarlo por delante.
*
Hoy no tengo sangre,
Porque sangro río.
En mis venas corre agua de río.
*
Ya no camino el mundo.
Hoy soy el mundo.
Y todos, en nuestra inocencia y en nuestra sed,
Vamos a hacer el amor al mundo.
*
No puedo sentirme mejor.
No voy a atropellarlo,
Voy a atravesarlo.
*
El lenguaje es limitado
Y atrapante.
Nos corta, aún en este poema.
*
En mi acto de amor
A veces morderé,
Y a veces besaré.
*
A veces rasguñaré,
Y clavaré las uñas en la carne del mundo.
Y a veces acariciaré.
*
Hasta ser parte,
Hasta entrar en él.
Y ser él.
*
Vamos a amarlo,
Vamos a cogerlo,
Vamos a hacernos uno con él.
*
No me quema,
El fuego no me quema.
Porque soy el fuego.
Porque soy el mundo.
Porque soy el principio y también soy el final.
*
Sólo me traspasan.
No pienso esperar,
Porque hoy, en el primer día,
Soy yo el que tiene que salir a buscar.
***
Tilcara, 1-1-7
*
Runin Vari